Optimista o pesimista

Medio lleno o medio vacío

Medio lleno o medio vacío

Prácticamente todos los datos que entrega el Apostador hacen referencia a lo más y menos frecuente. Esto se justifica por lo que ya he comentado anteriormente y que tiene que ver en dos visiones al jugar basados en las estadísticas. Una es jugar en forma optimista, es decir, considerar que la tendencia actual va a seguir dándose, o que los números más frecuentes lo van a seguir siendo en el futuro, y por lo tanto los menos frecuentes seguirán saliendo poco. La otra forma de jugar es la pesimista que es opuesta a la optimista, es decir se piensa que los números que ya salieron no pueden volver a salir por lo tanto hay que apostar a los menos frecuentes.

A lo mejor puedes pensar que optimista es apostar a que salga un número que no ha salido y que pesimista es apostar que un número que recién salió vuelva a salir. OK, como casi todo en la vida depende de nuestros gustos, creencias, conocimientos, incluso estilos de vida, cómo definimos optimista y pesimista. Si no, miremos el vaso medio vacío o medio lleno.

Como sea, hay una tercera forma de jugar y esa es apostar al promedio, o sea, ni fú ni fá, ni chicha ni limoná. Esta es una forma derivada de las dos anteriores, tan válida y efectiva como las otras, es decir con pocas posibilidades de acertar a la combinación ganadora. Por que como ya se habrán dado cuenta,  entre los números sorteados casi siempre hay de todo, sobre todo imprevistos. ¿Se acuerdan del “Mulo” en la “Segunda Fundación” de Isaac Asimov? Si no lo han hecho, les recomiendo leer su trilogía Fundación.

En fin, para terminar, lo que encontrarán en las estadísticas no es una forma de ganarse el Loto si no que una forma de disminuir la cantidad de números desde donde escoger los posibles ganadores. Cuáles dejarán afuera ¿los más frecuentes, los menos, los promedio, los que llevan más tiempo sin salir o los que acaban de aparecer? Dependerá de su propia visión.

El peso de las estadísticas

Quedará en la estadística

La selección de fútbol de Chile llevaba ganados hasta ayer 10 partidos seguidos jugando en Chile, una racha inédita que pretendía seguir agrandando, sobre todo considerando que el rival era el, por estos días, modesto Bolivia. Apostar en contrario, es decir, que perdiera o empatara, era derechamente temerario atendidos el nivel futbolístico actual de cada país; sin embargo estadísticamente era bastante razonable, pues rachas tan largas son poco frecuentes, incluso en selecciones con más pergaminos que la nuestra.

Razones que expliquen por qué no se ganó pueden haber muchas, desde la mala suerte hasta que no se jugó como cuando los puntos son importantes. Convengamos que Bolivia jugó lo justo y necesario y aprovechó las dos oportunidades que tuvo para anotar. Chile por el contrario, tuvo muchas más oportunidades y de no ser por la actuación del arquero boliviano, se podría haber ganado el partido. Pero eso es historia y la estadística es la que prevalecerá.

La lección para nosotros aquí es que no importa cuál sea la naturaleza de los hechos que estamos analizando, la historia pasada (estadísticas) siempre son un elemento a considerar cuando se quiere estimar un resultado, incluso cuando tenemos algún grado de influencia en ellos, como por ejemplo en el fútbol. En el caso de Loto, y de cualquier otro juego de azar, que supone la independencia de los sucesos entre sí, esto también aplica, más aún cuando hay una gran cantidad de información.

El número 3, por ejemplo, estuvo 11 veces apareciendo en los datos del Apostador como uno de los que llevaban más tiempo sin salir, hasta que finalmente lo hizo cuando completó 22 sorteos; estadísticamente, sólo 2 veces había demorado más tiempo sin salir, por lo que era probable que saliera en cualquier momento. No podemos saber exactamente cuándo sucederá, pero al menos tenemos una aproximación. Al menos eso es lo que yo creo.

Nuestra percepción de los números

Cada uno ve lo que quiere ver

La forma en que nos relacionamos con los números tiene mucho de antojadizo y es común creer que estamos regidos por alguno en particular. A veces nos parece que algún número nos persigue, lo vemos en todas partes y sentimos que en ése momento es cuando debemos jugarlo. Pero en general, son muchas las personas que están expuestas a los mismos estímulos, y sin embargo cada una percibe un número distinto que lo atosiga. Esto tiene que ver con que sólo vemos lo que queremos ver y desechamos o ignoramos aquello que nos incomoda o disgusta.

Así pues, cuando se trata de resultados del Loto, nos parece que un número determinado o alguna pareja u otra combinación de ellos ha salido mucho últimamente, cuando en realidad sólo recordamos las veces en que efectivamente aparecieron y olvidamos el resto. Sin ir más lejos, piense cada uno qué número le parece que ha salido mucho en los últimos sorteos. ¿El 6? En realidad ha salido dos veces en los últimos cinco sorteos del Loto, pero también ha salido en la Revancha (en tres de los últimos cinco) y en el Desquite (en dos de los últimos cinco), y además han aparecido varios números terminados en 6.

El ejercicio fue realizado con un número que yo escogí, pero cada uno podría repetirlo de acuerdo a sus propias inquietudes. Más de alguno se llevará una sorpresa al constatar que lo que creía no es tan real. Así como nuestro número no es tan frecuente como creíamos, vemos que hay otro(s) que son tan o más frecuentes que el nuestro y no nos habíamos percatado. Echar una ojeada a las estadísticas es una excelente forma de confirmar cuán correctos o errados estamos.

Los números soñados

Un sueño hecho realidad

Cuando se trata de historias de ganadores del Loto, todos hemos escuchado el proverbial “los soñé” cuando se les pregunta cómo escogieron sus números. Yo raramente me acuerdo lo que he soñado, y las pocas veces que lo hago, casi nunca se trata de números, no al menos los que importan para el Loto.

Es un misterio para mi cómo puede alguien soñar precisamente con los números que serán los ganadores de un próximo sorteo. ¿Se verán como en una cartilla?, ¿irán volando?, ¿el soñador los irá descubriendo a medida que transcurre el sueño?; ustedes tendrán sus propias teorías. Y éste es el primero de los problemas; el siguiente no es tan menor: ¿qué hace el soñador cuando despierta?, los anota inmediatamente, o es capaz de rememorar el sueño cuando quiera, o su acompañante los anota mientras Morfeo los balbucea. Como sea, después de una noche reparadora, el personaje tiene a su disposición seis números para jugar.

Si por esas casualidades, a usted amigo que, al igual que yo nunca le ha pasado algo semejante, se encontrara con estos seis números mágicos anotados en un papelito, ¿se atrevería a jugarlos? Apuesto que sí, incluso si nunca ha jugado antes al Loto. Ahora, de aquí a que los números resulten realmente ganadores, hay un trecho enorme.

Tal vez este sea el caso del último ganador del Loto, que se llevó más de 2.600 millones de pesos por su gracia. No sé que será más frustrante: tener la seguridad de que los números ganadores no se pueden soñar, o que sabiendo que sí se puede, yo no tenga la capacidad de hacerlo. En fin, siempre se puede soñar despierto y en esas condiciones invariablemente encuentro la combinación ganadora. Lástima que hasta ahora nunca haya coincidido con la de Polla.